Ella es
Betty
formadora del arte y la educación comunitaria
origen
Betty Pupo nació en Cartagena en 1956, en una familia donde el servicio, la educación y la cultura fueron parte de su vida desde la infancia. Su padre trabajaba como conductor en el Ministerio de Obras Públicas y su madre era maestra, campesina y amante de las artes, quien le transmitió el amor por la música, la poesía, la literatura y la enseñanza.
Cuando tenía aproximadamente ocho años, su familia se trasladó a Sincelejo. Allí creció en un hogar donde cantar, escribir, declamar y participar en actividades culturales era parte de la cotidianidad. También reconoce con orgullo sus raíces campesinas e indígenas zenúes, que fortalecieron su sensibilidad por el trabajo comunitario y el respeto por las personas.
En el año 2000 llegó al municipio de Malambo, territorio donde encontraría el escenario para dedicar su vida al servicio de las comunidades a través de la educación, la cultura y la formación de nuevas generaciones.


LEGADO
Desde hace más de dos décadas, Betty ha dedicado su vida a formar niños, niñas, jóvenes y familias desde la educación y el arte. En 2002 creó, junto con su familia, la Fundación Amor y Bondad de Vida y ese mismo año impulsó el Instituto George Washington, orientado a brindar oportunidades educativas a jóvenes y adultos en extraedad.
En 2015 fundó la Escuela de Música PUPIS, un proyecto que ha acompañado a más de 850 niños y jóvenes mediante procesos de formación musical, danza, teatro, literatura y promoción de valores. Muchos de sus estudiantes hoy son músicos profesionales, docentes, directores de agrupaciones o continúan su formación artística en instituciones de educación superior, mientras otros han participado en programas nacionales como Yo Me Llamo y La Descarga.
Paralelamente ha promovido procesos de formación para mujeres cabeza de hogar en artesanías, reciclaje creativo y emprendimiento, además de desarrollar su faceta como escritora con la publicación de su libro de poemas Lo amado, lo vivido y lo prohibido. Cada uno de estos proyectos refleja su convicción de que el conocimiento cobra verdadero sentido cuando transforma la vida de otras personas.


CAMINO
Betty afirma que el liderazgo nació con ella. Desde niña asumió la iniciativa en actividades escolares, culturales y comunitarias, inspirada por el ejemplo de su madre. Más adelante fortaleció esa vocación estudiando Teología en una universidad de New Jersey, Estados Unidos, donde obtuvo el título de pastora. Al regresar a Colombia comprendió que su mayor propósito estaba en la formación de niños, niñas y jóvenes. Desde entonces ha entendido que enseñar un instrumento también significa enseñar disciplina, respeto, trabajo en equipo y amor por la vida.
Aunque sostener sus proyectos ha significado enfrentar limitaciones económicas y la falta de apoyo institucional, nunca ha detenido su labor. Durante años la Escuela PUPIS ha funcionado en la sala de su casa, en terrazas de vecinos, parques y espacios prestados. Aun así, ha perseverado convencida de que cada niña y niño que descubre su talento representa una oportunidad para transformar una familia y fortalecer su comunidad
Ella es
Betty
formadora del arte y la educación comunitaria
origen
Betty Pupo nació en Cartagena en 1956, en una familia donde el servicio, la educación y la cultura fueron parte de su vida desde la infancia. Su padre trabajaba como conductor en el Ministerio de Obras Públicas y su madre era maestra, campesina y amante de las artes, quien le transmitió el amor por la música, la poesía, la literatura y la enseñanza.
Cuando tenía aproximadamente ocho años, su familia se trasladó a Sincelejo. Allí creció en un hogar donde cantar, escribir, declamar y participar en actividades culturales era parte de la cotidianidad. También reconoce con orgullo sus raíces campesinas e indígenas zenúes, que fortalecieron su sensibilidad por el trabajo comunitario y el respeto por las personas.
En el año 2000 llegó al municipio de Malambo, territorio donde encontraría el escenario para dedicar su vida al servicio de las comunidades a través de la educación, la cultura y la formación de nuevas generaciones.


LEGADO
Desde hace más de dos décadas, Betty ha dedicado su vida a formar niños, niñas, jóvenes y familias desde la educación y el arte. En 2002 creó, junto con su familia, la Fundación Amor y Bondad de Vida y ese mismo año impulsó el Instituto George Washington, orientado a brindar oportunidades educativas a jóvenes y adultos en extraedad.
En 2015 fundó la Escuela de Música PUPIS, un proyecto que ha acompañado a más de 850 niños y jóvenes mediante procesos de formación musical, danza, teatro, literatura y promoción de valores. Muchos de sus estudiantes hoy son músicos profesionales, docentes, directores de agrupaciones o continúan su formación artística en instituciones de educación superior, mientras otros han participado en programas nacionales como Yo Me Llamo y La Descarga.
Paralelamente ha promovido procesos de formación para mujeres cabeza de hogar en artesanías, reciclaje creativo y emprendimiento, además de desarrollar su faceta como escritora con la publicación de su libro de poemas Lo amado, lo vivido y lo prohibido. Cada uno de estos proyectos refleja su convicción de que el conocimiento cobra verdadero sentido cuando transforma la vida de otras personas.
CAMINO
Betty afirma que el liderazgo nació con ella. Desde niña asumió la iniciativa en actividades escolares, culturales y comunitarias, inspirada por el ejemplo de su madre. Más adelante fortaleció esa vocación estudiando Teología en una universidad de New Jersey, Estados Unidos, donde obtuvo el título de pastora. Al regresar a Colombia comprendió que su mayor propósito estaba en la formación de niños, niñas y jóvenes. Desde entonces ha entendido que enseñar un instrumento también significa enseñar disciplina, respeto, trabajo en equipo y amor por la vida.
Aunque sostener sus proyectos ha significado enfrentar limitaciones económicas y la falta de apoyo institucional, nunca ha detenido su labor. Durante años la Escuela PUPIS ha funcionado en la sala de su casa, en terrazas de vecinos, parques y espacios prestados. Aun así, ha perseverado convencida de que cada niña y niño que descubre su talento representa una oportunidad para transformar una familia y fortalecer su comunidad

