Ella es

Iveth

maestra de la memoria afrodescendiente

origen

Iveth Herrera Miranda nació en Barranquilla y creció en Barrio Abajo, un territorio donde la cultura afrodescendiente hace parte de la vida cotidiana. Proveniente de una familia de raíces palenqueras, encontró en su madre y en su abuela las primeras maestras de su vida. Ellas le enseñaron el valor del trabajo, la humildad, el servicio y el respeto por los saberes ancestrales.

Entre la cocina tradicional, la música, las fiestas populares y la tradición oral comprendió que cada receta, cada danza y cada historia eran una forma de preservar la memoria de su pueblo. Desde muy pequeña descubrió en el arte un lenguaje para fortalecer la identidad y mantener vivas las raíces que heredó de su familia.

LEGADO

Durante más de cuatro décadas ha dedicado su vida a enseñar, preservar y difundir la cultura afrocaribeña desde la educación, la danza, la gastronomía y el trabajo comunitario. Como docente ha formado generaciones de niños, niñas y jóvenes integrando el arte y la historia como herramientas para fortalecer el sentido de pertenencia.

Su liderazgo también ha impulsado procesos culturales en Barrio Abajo y ha promovido espacios para que las mujeres encuentren en la cocina tradicional una oportunidad de autonomía económica y de conservación de los saberes ancestrales. En 2024 lideró Nganda Sabó, un emprendimiento que une gastronomía, memoria y tradición para mantener vivo el patrimonio afrodescendiente mientras genera oportunidades para otras mujeres. Para Iveth, el mayor logro no está en los reconocimientos, sino en ver cómo las personas que acompañó encontraron en la cultura un camino para transformar sus vidas.

CAMINO

Su liderazgo comenzó en 1982, cuando ingresó a la Escuela de Danza Folclórica del maestro Carlos Franco. Allí comprendió que bailar también era enseñar y que la cultura podía convertirse en una poderosa herramienta de transformación social. Más adelante asumió la dirección de la escuela, inició su labor como docente y trasladó ese aprendizaje al trabajo comunitario en Barrio Abajo.

Participó en la Junta de Acción Comunal, lideró procesos para mejorar las condiciones de su comunidad y fortaleció organizaciones dedicadas al reconocimiento de los derechos de las comunidades afrocolombianas. Aunque enfrentó dificultades, como la extorsión que la obligó a cerrar una casa cultural, nunca abandonó su propósito de seguir compartiendo el conocimiento heredado de sus mayores y formar nuevas generaciones orgullosas de su identidad.

Ella es

Iveth

maestra de la memoria afrodescendiente

origen

Iveth Herrera Miranda nació en Barranquilla y creció en Barrio Abajo, un territorio donde la cultura afrodescendiente hace parte de la vida cotidiana. Proveniente de una familia de raíces palenqueras, encontró en su madre y en su abuela las primeras maestras de su vida. Ellas le enseñaron el valor del trabajo, la humildad, el servicio y el respeto por los saberes ancestrales.

Entre la cocina tradicional, la música, las fiestas populares y la tradición oral comprendió que cada receta, cada danza y cada historia eran una forma de preservar la memoria de su pueblo. Desde muy pequeña descubrió en el arte un lenguaje para fortalecer la identidad y mantener vivas las raíces que heredó de su familia.

LEGADO

Durante más de cuatro décadas ha dedicado su vida a enseñar, preservar y difundir la cultura afrocaribeña desde la educación, la danza, la gastronomía y el trabajo comunitario. Como docente ha formado generaciones de niños, niñas y jóvenes integrando el arte y la historia como herramientas para fortalecer el sentido de pertenencia.

Su liderazgo también ha impulsado procesos culturales en Barrio Abajo y ha promovido espacios para que las mujeres encuentren en la cocina tradicional una oportunidad de autonomía económica y de conservación de los saberes ancestrales. En 2024 lideró Nganda Sabó, un emprendimiento que une gastronomía, memoria y tradición para mantener vivo el patrimonio afrodescendiente mientras genera oportunidades para otras mujeres. Para Iveth, el mayor logro no está en los reconocimientos, sino en ver cómo las personas que acompañó encontraron en la cultura un camino para transformar sus vidas.

CAMINO

Su liderazgo comenzó en 1982, cuando ingresó a la Escuela de Danza Folclórica del maestro Carlos Franco. Allí comprendió que bailar también era enseñar y que la cultura podía convertirse en una poderosa herramienta de transformación social. Más adelante asumió la dirección de la escuela, inició su labor como docente y trasladó ese aprendizaje al trabajo comunitario en Barrio Abajo.

Participó en la Junta de Acción Comunal, lideró procesos para mejorar las condiciones de su comunidad y fortaleció organizaciones dedicadas al reconocimiento de los derechos de las comunidades afrocolombianas. Aunque enfrentó dificultades, como la extorsión que la obligó a cerrar una casa cultural, nunca abandonó su propósito de seguir compartiendo el conocimiento heredado de sus mayores y formar nuevas generaciones orgullosas de su identidad.